No son las trenzas que te faltan
las que cruzan nuestros caminos.
No son los adornos de ocasión
los que extinguieron el luminar de tus ojos
ni el paisaje delineado en tu rostro
el que borró tu semblante angelical.
No es la manera de vestir
la que te cubre el alma
ni el tallo de tu figura
el que se eleva para germinar.
No son las mismas mariposas de tus sueños
las que volaron
en busca de otra flor.
No es el corazón el que me hiere,
ni siquiera,
este miedo
a no volver.
Es el tiempo
que pasa
y no nos damos cuenta.
las que cruzan nuestros caminos.
No son los adornos de ocasión
los que extinguieron el luminar de tus ojos
ni el paisaje delineado en tu rostro
el que borró tu semblante angelical.
No es la manera de vestir
la que te cubre el alma
ni el tallo de tu figura
el que se eleva para germinar.
No son las mismas mariposas de tus sueños
las que volaron
en busca de otra flor.
No es el corazón el que me hiere,
ni siquiera,
este miedo
a no volver.
Es el tiempo
que pasa
y no nos damos cuenta.